De Blandengues a Gendarmes

La continuidad histórica de la defensa territorial argentina y la necesidad de un justo reconocimiento institucional a Gervasio Artigas por parte de Gendarmería Nacional Argentina


Por el Comandante Mayor (R) de Gendarmería Nacional Dr. Daniel Héctor De la Colina

 La Gendarmería Nacional Argentina, creada por ley en 1938, se presenta como garante de la soberanía territorial y la seguridad en zonas de frontera. Su doctrina, disciplina y despliegue operativo remiten a una genealogía militar que no comienza en el siglo XX, sino que hunde sus raíces en los cuerpos coloniales del Virreinato del Río de la Plata. Entre ellos, los Blandengues de la Frontera ocupan un lugar central como antecedente funcional, simbólico y doctrinal. Los Blandengues fueron una milicia criolla de frontera que tuviera su origen en 1751 por orden del Cabildo de Buenos Aires.

Este cuerpo fue una unidad de caballería ligera destinada a patrullar los límites del territorio virreinal, proteger los poblados rurales, escoltar correos y autoridades, y combatir el contrabando y los malones indígenas. Su composición era criolla, su conocimiento del terreno profundo, y su vínculo con la población rural directo y constante. En 1797, José Gervasio Artigas se incorporó al Cuerpo Veterano de Blandengues de la Frontera de Montevideo, concurriendo al llamado del virrey Pedro de Melo para enfrentar la amenaza portuguesa en la frontera oriental.

Desde allí inició su carrera militar, forjando una relación con los sectores populares del interior que sería clave en su posterior liderazgo federal. Artigas, como Blandengue, defendía la integridad territorial del Reino del Río de la Plata cuando aún éramos súbditos de la Corona Española. Su experiencia en la frontera lo convirtió en un estratega rural, conocedor del terreno y defensor de los pueblos libres. Casi dos siglos después se creó la Gendarmería Nacional con el objetivo inicial de cumplir funciones similares: patrullaje de fronteras, custodia de rutas estratégicas, combate al crimen rural y defensa de la soberanía territorial.

Su estructura militar, su despliegue en zonas de difícil acceso y su vínculo con comunidades rurales replican, en clave moderna, el espíritu operativo de los Blandengues. En su construcción simbólica, la Gendarmería reconoce como numen tutelar al General Martín Miguel de Güemes, líder de la resistencia norteña contra las invasiones realistas. Güemes, al igual que Artigas, defendió el territorio rioplatense en el marco de una guerra civil, articulando milicias populares con conocimiento del terreno y lealtad a los pueblos del interior. Sin embargo, mientras Güemes es exaltado como figura fundacional, Artigas ha sido omitido en la genealogía institucional de la Gendarmería.

Esta omisión resulta injusta. Ambos defendieron el mismo suelo, quizás desde posiciones ideológicas y políticas distintas, pero con idéntica dignidad. Artigas enfrentó simultáneamente al centralismo porteño y a la invasión portuguesa en la Banda Oriental, sosteniendo un proyecto católico, federal y republicano que aspiraba a la autonomía de los pueblos sin romper la unidad territorial. Pareciera que olvidamos a Artigas por ser “oriental”, como si su pertenencia a la Banda Oriental lo excluyera de la historia argentina. Sin embargo, en un testamento cuya autenticidad ha sido discutida pero no refutada con certeza, Artigas se habría autodefinido como “argentino”, entendiendo ese término en su sentido original: como habitante del territorio que componía el Virreinato del Río de la Plata. No debemos olvidar que Argentina deriva de argentum, el nombre latino del Río de la Plata, y que la identidad argentina en sus orígenes fue territorial antes que nacional. Como señala el profesor Marcelo Gullo Omodeo, el nacionalismo actual es un nacionalismo de campanario, egoísta y fragmentario, que niega la Patria Grande y reduce la historia a límites administrativos posteriores. Esta visión estrecha impide reconocer que tanto Artigas como Güemes fueron parte de un mismo proyecto de defensa territorial, aunque con estrategias y contextos distintos. La Gendarmería Nacional no nació de la nada.

Su espíritu operativo, su vínculo con el pueblo rural y su misión de defensa territorial tienen antecedentes claros en los Blandengues de la Frontera. Y si Güemes es el alma de esa continuidad, Artigas es su conciencia olvidada. Los gendarmes deberíamos honrar a ambos, ya que, de ese modo, estaríamos honrando la historia completa de la defensa territorial argentina. No debemos olvidar que el origen funcional de la Gendarmería Nacional estuvo en los Territorios Nacionales, eminentemente rurales, y que su despliegue posterior se consolidó en las zonas de seguridad de frontera. Reconocer esa raíz implica también reconocer a quienes, como Artigas, defendieron la frontera antes de que existiera la Nación.

Mi intención no es menoscabar la figura del insigne salteño, sino poner en algún lugar preponderante al Oriental, porque ambos han sido artífices de nuestra identidad como nación. Incorporar a Artigas en la memoria institucional no es un gesto revisionista, sino un acto de justicia histórica que fortalece la identidad doctrinal de la Gendarmería como fuerza de frontera, pueblo y soberanía. La Gendarmería Nacional no es una mera fuerza de seguridad: es una institución esencial de la Nación Argentina, expresión concreta de nuestra identidad territorial, cultural y espiritual. En su ethos operativo conviven el coraje criollo, la vocación de servicio y una profunda raigambre católica que reconoce en la defensa del prójimo, la protección de los humildes y el respeto al orden justo, pilares de una tradición que no se agota en lo militar, sino que se proyecta en lo moral.

La reciente decisión del Gobierno Nacional de nombrar a la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján, como Comandante Generala de la Gendarmería Nacional Argentina mediante el Decreto 675/2025, no hace más que confirmar esta dimensión espiritual. Ya en la década del 50, la Virgen era reconocida como Patrona por los propios gendarmes, y en 1975 se formalizó su patronazgo mediante resolución institucional, consolidando su lugar como guía moral y símbolo de protección.

Este reconocimiento expresa la catolicidad histórica de la Gendarmería, que no es decorativa ni circunstancial, sino constitutiva de su identidad profunda. Honrar a Artigas junto a Güemes es también honrar esa catolicidad histórica que dio sentido a la lucha por la libertad, la justicia y la soberanía de los pueblos del interior. Ambos encarnaron, desde sus trincheras rurales, una defensa del territorio que no fue sólo geográfica, sino también espiritual. Y si la Virgen de Luján es hoy nuestra Comandante Generala, bien puede Artigas ser reconocido como uno de sus gendarmes tutelares.

 

Image
Image
Image
Image
Top